Un ABC para entender la ética empresarial

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25 abril, 2017 por Hugo Cruz Rivas

  1. ¿Qué es la ética?

Por ética entendemos dos cosas que son como las dos caras de una misma moneda. Por un lado, es la reflexión acerca de lo que debe hacer una persona para ser mejor persona, es decir, para desarrollar a plenitud el potencial que le es propio a su naturaleza y a su dignidad. Por ejemplo, después de muchas reflexiones la ética llega a la conclusión de que es mejor ser laborioso y diligente que ser perezoso.

Y por otro lado, la ética es el compromiso personal, enteramente libre, de esforzarse por ser mejor persona cada día. Esto implica reconocer que podemos fallar y habrá que ser humilde para rectificar, pero también implica la buena noticia de que si se lo propone, el ser humano puede mejorar éticamente por medio de la adquisición de virtudes. Y las virtudes, a su vez, se desarrollan por repetición libre e intencional de actos buenos.

interrogante

2. ¿Se puede aprender la ética?

Los deterministas y los pesimistas responde que no se puede aprender la ética. Los realistas respondemos que sí se puede aprender. Sin embargo, la respuesta realista requiere algunas explicaciones.

Lo que ocurre en la infancia es, precisamente, un aprendizaje de la ética. Los  niños perciben en el entorno un entramado normativo del cual deducen lo que es bueno y lo que es malo. La confusión de los pesimistas deriva de que algunos niños aprenden cosas malas y crecen con malas costumbres. Eso no significa que el ser humano no pueda aprender lo bueno. Significa tan sólo que el entorno en que crecen algunos niños en particular es éticamente malo. De allí la responsabilidad social y personal de darle a los niños un entorno que les permita creer en el bien y en su capacidad de hacer el bien y que aprendan a actuar en consecuencia.

Otra confusión de los pesimistas es que perciben que muchos adultos son corruptos a pesar de las amenazas de sanciones o de los castigos que sufren por su corrupción. Lo que ocurre es que la práctica hace hábito; la práctica genera una segunda naturaleza en las personas de tal manera que llega un punto en que la persona corrupta es casi incapaz de reconocer el bien o de cambiar enteramente su conducta.

Lo anterior coincide con la teoría de los períodos sensitivos del aprendizaje (*). Para bien o para mal, no siempre se puede aprender cualquier cosa. El ser humano es más apto para aprender algunas cosas en determinadas edades. Así, las habilidades deportivas, musicales o lingüísticas se pueden desarrollar más en tempranas edades que en la edad adulta. En el caso de la ética, la infancia es el período de principal asimilación de las nociones de bien y mal y, sobre todo, de adquisición de las virtudes principales que constituirán el soporte de todas las conductas en el futuro.

En la edad adulta también es posible aprender un idioma o dejar de ser corrupto pero es fácil intuir que costará mucho más. Las llamadas “conversiones” son precisamente casos excepcionales que responde a estímulos extraordinarios del entorno.

3. ¿Entonces qué se estudia y qué se aprende al estudiar ética en la edad adulta?

Existen cursos teóricos donde lo único que se aprende, con suerte, es historia de la ética y algunos términos propios de la materia.

Sin embargo, con el método del caso es posible aprender cómo las personas buenas toman decisiones difíciles que requieren un análisis ético.

Y el meollo del asunto está allí: que en las escuelas de negocios y en las empresas, cuando enseñamos y estudiamos ética partimos de la base de que estamos tratando con personas con un perfil ético bastante desarrollado: suelen tener un propósito de vida muy claro, son respetuosos de la ley, viven una vida coherente con normas éticas esenciales, comprenden la importancia de fondo de respetar normas éticas y están abiertos a la mejora personal y de sus organizaciones. Es decir, lo normal en una escuela de negocios y en una empresa es que hayan personas de quienes, en general, podríamos decir que aportan algo bueno a la sociedad: su talento, su trabajo, su rectitud. De hecho, siendo realistas, ése es el perfil de la mayoría de los ciudadanos puesto que los descalabros políticos, legales y económicos siempre son provocados por grupos muy limitados que se las arreglan para actuar de manera oportunista sin importarles el daño que generan a su alrededor.

4. ¿Qué es la ética empresarial?

Dicho lo anterior, es posible responder esta pregunta. La ética empresarial o ética aplicada a la problemática propia del mundo empresarial, es el estudio de los criterios que se deben tener en cuenta para tomar decisiones de negocios que aspiran promover la sostenibilidad de la empresa en el largo plazo.

Por tanto, la ética empresarial presupone la rectitud y objetividad de quienes actúan en los negocios. En la empresa no se aspira a convertir a las personas malas en buenas ni a los corruptos en éticos. La ética empresarial aspira a fortalecer un clima organizacional en el cual esté bien visto actuar éticamente y en el cual quien actúa de manera oportunista sea rápidamente identificado y expulsado del juego por vías que se procurará sean siempre humanas y legales.

Nada sería mejor que una buena conversación con quienes lean estas ideas. Quedo a la espera de sus comentarios. Hasta la próxima.

(*) Corominas, F. (2012), Educar Hoy, Madrid: Palabra. 19a. edición.

 

 

 

 

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Sobre el autor de este blog

Hugo Cruz Rivas

Hugo Cruz Rivas

Estoy felizmente casado con Alicia y tenemos cuatro hijos. Obtuve el doctorado en Gobierno y Cultura de las Organizaciones, del Instituto Empresa y Humanismo, de la Universidad de Navarra (España). Actualmente, desarrollo mi labor académica y de consultoría desde la Universidad del Istmo (Guatemala). Tengo dos áreas de especialización: ética empresarial y políticas de balance trabajo-familia. Si desean saber más sobre mi experiencia profesional, pueden visitar mi perfil en LinkedIn: https://www.linkedin.com/pub/hugo-cruz/b/636/469

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